Las follies de Ágatha Ruiz de la Prada

Diseños de Ágata Ruiz de la Prada.

     La pasarela es un escaparate para las firmas. Esta frase la escuchamos a menudo pero aún así, cuando vemos diseños como los de Ágatha Ruiz de la Prada, pensamos ¿pero quién se va a poner eso? ¿Verdad? Esta diseñadora que acaba de recibir el Premio Nacional de Diseño de Moda siempre ha sido fiel a lo que yo considero que es su propósito: crear arte y crear moda.

     Arte porque es evidente que muchos de sus trajes traspasan la línea de lo fácilmente llevable o lo presumiblemente cómodo de llevar. Es decir, pierden su carácter funcional a favor de la creación del objeto artístico que pretende transmitir otros conceptos. Estos trajes-arquitectónicos o trajes-esculturales, donde priman los volúmenes imposibles que ocultan el cuerpo (ese cuerpo que hoy en día cuidamos hasta límites insospechados con el fin de mantenerlo bello y joven), se enfrentan a los cánones de belleza y a la cotidianeidad. Y eso, cuanto menos, es divertido. Son, por tanto, la antítesis de la uniformidad a la que estamos expuestos; una uniformidad o globalización que se frena por un momento a favor del juego y de la identidad personal.

Historia del traje. Guardainfante de Mariana de Austria, Paul Poiret y la marquesa Casati y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó.

     Ágatha nos propone una explosión de colores saturados y formas, que como vengo diciendo, no entran en los cauces comerciales. Pero no piensen que son novedades exentas de referentes históricos -no estoy restándole valor a la obra de esta diseñadora- sino que como creadora también busca la inspiración en la historia del traje y sus numerosas muestras  incomprensibles que acabaron siendo signo del buen gusto; por ejemplo, el guardainfante del siglo XVII, del cual se llegó a decir :

“El traje de los guardainfantes se usa con tanto desatino y exceso, que apenas caben las mujeres, de anchas, por las puertas de las iglesias…”

     Y sin embargo las mujeres lo llevaron debajo de sus ropas para configurar una nueva silueta.

     También hubo otras épocas donde las modas establecidas sucumbieron a favor de la fantasía y del diseño ilimitado. Y en este caso recuerdo al modisto Paul Poiret, en los inicios del siglo XX, con su orientalismo y sus diseños arquitectónicos lucidos por la marquesa Luisa Casati, o la locura del miriñaque en el romanticismo del siglo XIX, ¿quién no recuerda los trajes que caracterizaron a Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó? En fin, no quiero seguir porque continuaría poniendo cientos de ejemplos.

     Las propuestas de esta diseñadora iban necesitando un reconocimiento como el que ha obtenido. Para muchos de los que en los noventa comenzábamos a estudiar diseño de moda, era un referente que, por cierto, yo siempre he vinculado con otro gran artista de la moda francesa, Jean Charles Castelbajac.

     Yo nunca me he vestido con un Ágatha, pero creo, sin lugar a dudas, que un traje de ella colmado de diseño y atrevimiento debe cambiarte la percepción sobre la moda. Aunque sea por unos momentos debes entras en la idea de que el atuendo puede ser un juego y eso te puede hacer sentir muy, pero que muy libre.

Diseños de Ágata Ruiz de la Prada y Jean-Charles Castelbajac.